Publicado: 20 de Mayo de 2016

Muchas veces no somos conscientes del silencio hasta que lo gozamos. Estamos tan acostumbrados al ruido ambiental que apenas nos damos cuenta de que, a lo largo del día, soportamos una cantidad de decibelios por encima de lo que el ser humano catalogaría como aceptable. En estos casos, la experiencia pasa a ser molesta e incluso dañina.Obras en la calzada, chirridos de los frenos del autobús o el tren, atascos, música a excesivo volumen o los centenares de estímulos que generan ruido a nuestro alrededor consiguen perturbar el día a día y hacer mella en nuestras sensaciones.
Entre ellos está, en gran medida, el tráfico rodado. Según un estudio presentado por Danosa –especialista en soluciones integrales para la construcción sostenible–, el 80% del ruido ambiental que soportan los ciudadanos está causado por él. El rozamiento del neumático en la calzada y el estruendo del motor son los culpables. Lo siguen el ruido causado por actividades industriales, con un 10%, por el ferrocarril (6%) y por diferentes tipos de ocio (4%). Este problema ha suscitado interrogantes en todos los agentes sociales involucrados. Desde urbanistas hasta médicos, pasando inevitablemente por los responsables gubernamentales.
PERJUDICADOS POR EL RUIDO. Los últimos datos europeos, publicados por la Agencia Europea de Medio Ambiente en diciembre de 2014, constataban que el 60% de los españoles estaba expuesto a niveles de ruido superiores a los permitidos. Tal y como se desglosa, el tráfico en metrópolis como Móstoles (Madrid), A Coruña, Elche (Alicante), San Sebastián o Pamplona supera los 55 decibelios, límite que se establece como perjudicial para la salud. El estudio expone que en toda Europa la cifra media asciende al 24% de la población. Es decir, unos 125 millones de personas afectadas. Esto se traduce en 10.000 muertes prematuras relacionadas con el ruido, 20 millones de adultos que sufren molestias en el sueño, 8 que tienen perturbaciones serias del mismo y 900.000 casos de hipertensión que conllevan unas 43.000 hospitalizaciones anuales en todo el continente.
En España, el problema se concretó en la Ley del Ruido de 2003. Tal y como expresa, su objetivo principal es “prevenir, vigilar y reducir” los niveles de contaminación acústica y “garantizar los derechos constitucionales en relación con la emisión de ruidos molestos”. Para llevar a cabo sus propósitos, el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente definió las diferentes áreas acústicas, elaboró mapas de ruido y creó planes de acción allá donde el ruido supere los criterios de calidad. Todas estas directrices desembocaron en campañas de sensibilización, intentos de reducción del transporte privado en favor del público, remodelación del asfalto, ampliación de aceras, apantallamiento acústico y delimitación de zonas residenciales o naturales. 
LÍMITES LEGALES. ¿Ha funcionado? Los responsables de Ecologistas en Acción concluían en su documento ‘Contaminación Acústica y Ruido’, de 2015, que estamos “muy lejos” de conseguir las metas planeadas por ley y que las políticas en este ámbito “no muestran mucha voluntad de cambiar”. Un informe realizado por el Observatorio de Salud y Medio Ambiente de Andalucía echa mano de los parámetros europeos y traza las líneas de distinción entre ruidos imperceptibles, perceptibles y molestos según la normativa europea, en la que se cifra en 25 los decibelios soportables. En España, la citada legislación del Ruido de 2003 dictaminó que los decibelios permitidos en estancias residenciales, administrativas o sanitarias asciende a 40, siendo 35 el límite en centros educativos o culturales. Y la Organización Mundial de la Salud fijó como objetivo un descenso 'significativo' del ruido para 2020 y alertó de establecer en 40 el tope de decibelios nocturnos en los espacios externos.

EL TRÁFICO, PRINCIPAL FUENTE DE RUIDO. “El tráfico sigue siendo la mayor molestia por ruido”, explica Antonio García desde su despacho, en Alicante. Este letrado de 45 años lleva más de dos décadas acompañando casos de vecinos e instituciones afectadas por problemas acústicos. Desde Abogados del Ruido estudia las ordenanzas municipales y los casos de sus clientes para evitar sus preocupaciones: “No es un experimento nacido del oportunismo, es algo en lo que creemos. Lo hacemos por el bien de la sociedad”, considera. “No tenemos por qué salir a la calle con una agresión acústica. Y la mayoría de las veces lo asumimos”.

La salud, en entredicho

El nivel permitido de decibelios por la legislación es de 35 durante el día y 30 a partir de las 11 de la noche. Desde ese punto, el sonido se hace perceptible y entra dentro de la normalidad. Sin embargo, a partir de los 75 db, si el ruido es prolongado, empieza a comprometer la salud. La capacidad auditiva se deteriora y el cuerpo inicia un proceso de desequilibrio que tiene más que ver con lo psicológico que con lo físico. Esto es: irritabilidad, falta de concentración, estrés o incluso ansiedad.
La alteración empieza a ser molesta a los 100 db. Y a los 125 db pasa a ser doloroso. En este umbral, la modificaciones orgánicas implican al sistema cardiovascular, con variación del ritmo cardiaco e hipertensión, a las glándulas endocrinas o al sistema digestivo. La mayoría de las consecuencias tienen como germen el trastorno de sueño y, por consiguiente, el desajuste en la alimentación o del metabolismo, que puede provocar dolencias mayores que se añaden a las ya citadas: distorsiones oculares, obesidad o depresión. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el ruido provocado por el tráfico “es la segunda causa de enfermedad por motivos medioambientales”.
Javier Gavilán, catedrático en la Universidad Autónoma y jefe de otorrinolaringología del Hospital de La Paz, en Madrid, le resta importancia. La alarma destacada por la OMS y las advertencias de especialistas tienen una base cuando es algo continuado, dice, pero no si es puntual. “El tráfico no genera trauma acústico más que en aquellos casos excepcionales en los que se está continuamente expuesto”, subraya. “Genera estrés, pone de los nervios, es incómodo, pero al ser intermitente no tiene un papel definitivo en la salud”, zanja.