Publicado: 18 de Mayo de 2017

Visión doble, menor campo visual, alucinaciones... son efectos de las drogas sobre la visión del conductor

Durante la última campaña de control de uso de alcohol y drogas por parte de los conductores –del 6 al 12 de junio pasado–, la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil realizó 145.636 pruebas. De ellas, 1.872 fueron tests de detección de drogas. Estas pruebas –que se realizan a conductores que presentaban algún síntoma de haber ingerido alguna sustancia o implicados en algún accidente– arrojaron 667 positivos (35%) al test salival. Las drogas más consumidas por los conductores fueron cannabis (497), cocaína (202) y anfetaminas (79). Y es que, según último informe EDAP´13, el 12% de los conductores elegidos al azar dieron positivo en alcohol y drogas por encima de los límites legales.
También se realizaron 143.764 controles de alcoholemia, en los que 1.616 conductores dieron positivo –1.418 en controles preventivos; 93, por estar implicados en accidentes; y 8, por síntomas evidentes–. De estos, 255 superaban la tasa de 0,60 mg/l en aire espirado, por lo que se instruyeron diligencias y se trasladaron a la autoridad judicial.

Limita la capacidad de conducir

Son varias las limitaciones que el alcohol y las drogas imponen a nuestra capacidad de conducir con seguridad: ralentización de los reflejos, sobre-estimación de nuestras capacidades, euforia, alucinaciones, taquicardias… Y entre ellas no son menores las afectaciones a la capacidad del cerebro para ‘ver’ –por los ojos se recibe el 90% de la información al conducir–: visión en túnel, deslumbramientos, halos, visión borrosa…
Antes de mostrar gráficamente cómo ‘ven’ quienes conducen con estas sustancias en su organismo, hay que señalar que los efectos afectan al cerebro –que se encarga de procesar la información transmitida por los ojos– y dependen de la cantidad ingerida, de la pureza de la sustancia, de la posible mezcla de sustancias y del tiempo pasado desde su ingestión.Como ven si han consumido alcohol, cannabis, cocaína y LSD

ALCOHOL. Es la ‘droga’ más extendida a nivel mundial. Con solo 0,5 gr/l de alcohol en sangre se ralentizan los reflejos oculares y el tiempo de reacción ocular, disminuye la calidad de la visión nocturna (nictalopía o ceguera nocturna) y el campo visual (visión en túnel), de modo que será más difícil ver algo o alguien en nuestro campo de visión periférico.


En casos de alcoholismo crónico, se producen carencias de vitaminas B1, B6, B12, riboflavina y acido nicotínico, vitales para la visión lo que puede acarrear la pérdida progresiva de visión, en especial de la visión central, fundamental al volante. O, incluso, alteraciones que pueden provocar movimientos involuntarios del ojo (nistagmo). 

COCAINA-ÉXTASIS. La cocaína provoca la dilatación de la pupila y sequedad ocular. Por ello, quienes la consumen tienen fotofobia (les molesta la luz) y ven halos alrededor de los puntos de luz (faros, semáforos…) y, de noche, tienen una visión menos efectiva (miopía nocturna). También eleva la presión arterial, lo que puede producir rupturas en los vasos sanguíneos del ojo y, en consecuencia, pérdidas de visión súbitas en un solo ojo. También se producen alteraciones cromáticas, con mayor sensibilidad al azul y menor al rojo

El éxtasis –una droga de diseño de efectos estimulantes– puede provocar visión borrosa, ilusiones ópticas, deslumbramientos, sequedad ocular, incremento de la presión arterial que puede provocar problemas de retina y movimiento involuntarios del ojo..

CANNABIS. Provoca el enrojecimiento ocular (hiperemia conjuntival), sequedad ocular, problemas para ver los colores o alteraciones en los mismos, ralentiza las reacciones –incluídas las del ojo, necesarias para alertar de posibles situaciones peligrosas–.
 

 

LSD. La dietilamina del ácido lisérgico (LSD) dilata las pupilas en una primeras fase –con los problemas de fotofobia y peor visión nocturna que acarrean–. En la segunda fase, produce una mezcla de informaciones sinestésicas (“se ve un sonido, se oyen colores…”) provocando alucinaciones psicodélicas y haciendo imposible la conducción. En la tercera fase, provoca hipertensión arterial, con los daños asociados a ésta, como rupturas de vasos, pérdidas de visión, afectación de la retina…